Poner un pie afuera del algoritmo
Nadie está pidiendo otro podcast más. Nadie tiene el proyecto de suscribirse a una red social. Nadie necesita la última reflexión escrita con inteligencia artificial. El contenido está devaluado y la atención está dispersa. La dieta del algoritmo nos indigesta.
Aun así, somos omnívoros de información y opinión: tenemos provisiones almacenadas y salimos a cazar más. Llenamos la alacena esperanzados de que llegará el momento adecuado de sentarnos a disfrutar. Pero cuando la ocasión se presenta, la lista de contenido se vuelve una tarea más. En palabras de Oliver Burkeman, «ya no respondes desde la vitalidad y el entusiasmo que te atrajeron al principio, sino desde una monótona sensación de obligación de ponerte al día, extraer lo importante y pasar a otra cosa».
Este newsletter es, entonces, una oferta de opciones. Dicho de otra forma, no es un bufete sino un menú. Un inventario de cosas que produzco o en las que participo, una idea nueva que escribí o una recomendación. Tal vez el momento en que usted abra este correo coincida con un paréntesis para leer, ver o escuchar.
Regreso al correo electrónico para poner un pie afuera del algoritmo. Como cuento en La zona de la máquina (LZM) –el ensayo que publiqué hace poco con Ariel–, el modelo de atención y monetización de las redes sociales nos tiene embarcados en una dinámica incremental de saturación y ruido. La audiencia consume como reflejo y el creador de contenido publica al por mayor; el algoritmo escoge los ganadores y la producción se vuelve un ejercicio de prueba y error. En este último caso, en palabras de Tim Ferriss, «empiezas alimentando la máquina a través de la jaula, solo para despertar un día y darte cuenta de que eres tú quien está dentro de la jaula».
No voy a renunciar a mi canal de Youtube ni abandonaré, al menos por ahora, las redes sociales que uso. Lo que sí estoy intentando –a veces sin éxito– es resistirme al contenido de trámite, a la reacción como reflejo y a la curación impostada de la cotidianidad. En ese escenario, escribir un texto reposado y sin atajos se vuelve casi una meditación. Y el texto en correo electrónico –un servicio incluso anterior a internet– abandona cualquier promesa de inmediatez. Este mensaje no es urgente ni aspira a volverse viral.
Este newsletter está montado sobre la infraestructura más portable posible: recompré el dominio que alguna vez tuve (carloscortes.co), lo gestiono directamente con Cloudflare y a partir de ahí lo conecto con Buttondown, una herramienta minimalista de edición y publicación. La alternativa obvia era Substack, la plataforma para autores, con cerca de 50 millones de usuarios (cinco millones de los cuales son sucriptores pagos). A pesar de ese momentum y de las ventajas obvias en términos de monetización y conexión con la audiencia, más que una infraestructura de publicación, Substack es otra plataforma y, a la postre, una red social más. Hoy tiene la visión clara de empoderar a los autores, pero ya enfrenta presiones de retorno por parte de los inversionistas de Silicon Valley. Peor aún, si mañana Elon Musk o Sam Altman quiere comprarla –para que sus LLM, como dicen ahora, farmeen nuestra aura – terminará siendo una máquina tragamonedas como las demás.
Los enlaces de este newsletter están en mi dominio, los suscriptores no están entregando datos sin saber y el algoritmo no puede estar menos interesado en lo que pasa acá. Me propongo, además, no darle cuerda a ninguna publicación específica en X, Linkedin, Instagram o Youtube. Si este newsletter crece, será sobre todo por que un humano se lo recomendó a otro.
Gracias por estar aquí.
Qué viene
Aunque este espacio está pensado para escribir sobre cualquier tema, quiero que se conecte de alguna forma con las preguntas que abordo en LZM: nuestra relación con la tecnología, la atención y el tiempo, las redes sociales, la información y el debate público, y la inteligencia artificial. En el ensayo no abordo la IA en profundidad –habría desbordado la extensión pensada y el riesgo de decir algo superfluo era alto–. Sin embargo, creo que el texto ofrece claves para ubicar el debate sobre IA en esta coyuntura. En cualquier caso, sí será un asunto de interés acá y en mi canal.
El inventario
La zona de la máquina. He presentado el libro en varios eventos. Les dejo por acá un par conversaciones para que se animen a comprarlo:
Presentación en la biblioteca del Gimnasio Moderno. Hablé con Daniela Flórez, directora de Linterna Verde, y César Caballero, gerente de Cifras & Conceptos. Entre otras, Daniela habla del ‘performance’ de los influenciadores con ocasión del terremoto, y César vincula LZM con ideas de Jeff Jarvis en El paréntesis de Gutenberg.
Charla en el Festival Gabo con Catalina Lobo-guerrero. Catalina me hizo una entrevista completa sobre LZM con énfasis en periodismo. Sobre el trabajo de ella, les recomiendo su libro sobre la Revolución Bolivariana en Venezuela –donde vivió y trabajó como periodistas varios años–.
Del diagnóstico al desacuerdo: nuevas formas de pensar la desinformación. Esta serie de tres entregas, en alianza con Linterna Verde, aborda la pregunta por el fact-checking y su utilidad en la lucha contra la desinformación (están disponibles el episodio uno y el episodio dos)
Periodismo milagro - columna en La Silla Vacía. «Se respira un aire de entusiasmo en el periodismo nacional que hasta hace poco militaba en la oposición. Se respira con dificultad, como la inhalación obligada del ambientador mentolado de un taxi. Marean los adjetivos y los elogios; producen arcadas los aplausos mal disimulados. Se fue Petro, llegó De la Espriella y pasamos del miedo a la esperanza de la noche a la mañana. Amaneció temprano en Barranquilla, que ahora parece Miami» (texto completo acá).