El «internet de las cosas»: más internet que otra cosa

De un tiempo para acá venimos oyendo hablar de un nuevo amanecer en la tecnología: el internet de las cosas. Un mundo de objetos interconectados, de ciudades y hogares inteligentes, de aplicaciones y servicios automáticos. Los ejemplos de este futuro digital son tan inagotables como la imaginación de sus exponentes. Los más convencionales se relacionan con el hogar: cortinas que interpretan la luz del día para abrirse o cerrarse, lavadoras que pueden interactuar con la ropa para reportar el estado de desgaste de ésta, y neveras que reportan directamente los alimentos que están por caducar o que hacen falta.

También hay ejemplos más complejos, que involucran un mayor grado de interacción entre la persona y la máquina, y entre éstos y los entornos sociales: un profesor se encuentra enfermo y avisa a la universidad donde trabaja que no se presentará a clase. La universidad envía esa información a los estudiantes y, a través de un sistema que integra dispositivos conectados a la red, cambia la agenda de los estudiantes, cambia la hora de sus despertadores e incluso programa la cafetera para una hora más tarde.

En esencia, el internet de las cosas promete escenarios donde los objetos facilitarán nuestra vida cotidiana. Pero, ¿es realmente algo distinto a lo que ya tenemos? ¿Es el internet de las cosas una idea, un proyecto, una estrategia comercial? ¿Conlleva riesgos?

Parece prematuro adentrarse en esta discusión cuando todavía internet es una tecnología joven y su desarrollo y regulación enfrentan tantas incertidumbres. Más aún en América Latina, donde la penetración ni siquiera alcanza el 50% y los computadores portátiles y los teléfonos móviles siguen siendo artículos costosos.2 Sin embargo, la atención que los medios de comunicación vienen prestándole al tema y la inclinación de la gente por consumir innovación tecnológica –ya sea a manera de noticias o de productos como tal–, amerita hacer una revisión más desapasionada.

El objetivo de este documento es entonces ofrecer un panorama sobre el tema conocido públicamente como el ‘internet de las cosas’. Para hacerlo, primero planteamos el antecedente histórico de la computación ubicua, lo cual permite ubicarse de mejor manera en la coyuntura actual; en seguida, describimos los retos técnicos que implica hablar de un internet de las cosas; en tercer lugar, describimos los riesgos de un entorno de objetos interconectados –haciendo énfasis en el acopio de información y los problemas de seguridad–, y, finalmente, planteamos unas conclusiones y recomendaciones.

La idea subyacente de este texto es que el internet de las cosas reúne una amalgama de conceptos e ideas sobre productos y servicios presentes y futuros. Es decir, gira alrededor de hechos, ideas y meras especulaciones. Esto implica, en parte, que cualquier aproximación al internet de las cosas pasa por debates conocidos sobre internet, privacidad y seguridad en línea, entre otros. Para efectos de discusiones sobre regulación y políticas públicas de internet, esta claridad puede servir para evitar distraer la atención o, más bien, para centrar la atención en los aspectos relevantes de este tema.