La gobernanza de internet: la trampa de las formas

En 1983 Internet alcanzó la mayoría de edad. Fue en ese año cuando se implementó el protocolo TCP/IP, según el cual todos los datos en la red se dividen en paquetes y se transmiten por igual a los extremos de ésta. Con esta decisión técnica, la incipiente red militar y académica empezó a expandirse como una telaraña: cientos de redes encontraron caminos entre sí; miles de computadores comenzaron a conectarse.

Arpanet –el antepasado de Internet– era hasta entonces un jardín amurallado del que solo hacían parte unos pocos. Para los ingenieros el reto ya no era conectar computadores entre sí, sino lograr que redes distintas interactuaran sin necesidad de intervenirlas o configurarlas. Un cable, un módem, un ordenador, y listo. De ahí en adelante la red no pararía de desarrollarse: en 1989 vendría la invención del World Wide Web; en 1993 llegaría el primer navegador apto para gráficas y, dos años después, se privatizarían los puntos principales de conexión, dando lugar a la espina dorsal de la red (el backbone).

Hoy, más de 30 años después, la estructura y densidad de Internet es mucho más sofisticada. De una población de aficionados y expertos en sistemas, pasamos a tener aproximadamente tres mil millones de ‘ciudadanos’ de 194 países. De una red dedicada principalmente al intercambio de correos electrónicos y la navegación de páginas web, pasamos a una de servicios de voz, ‘streaming’ de video y alojamiento de archivos en la nube. De una red compuesta por computadores, pasamos a una interconectada por teléfonos móviles, tabletas, radios y hasta automóviles. De una red compuesta por pocos actores en medio de acuerdos básicos, llegamos a una inmersa en complejas transacciones comerciales. Y, finalmente, de una red desarrollada y manejada por particulares, vamos desembocando en una donde los Estados también quieren ser protagonistas.

Es en este contexto donde se discute el qué y el cómo de la gestión y el control de Internet: la gobernanza de Internet. No resulta fácil demarcar sus límites, pero tal vez sí sea más sencillo entender lo que está en juego. Alrededor de la pregunta de cómo se gobierna el entorno digital está la respuesta a temas como la protección de la privacidad en línea y el anonimato de los usuarios, el rol de las empresas privadas que controlan la infraestructura de Internet, las pretensiones de los Estados nacionales, la responsabilidad de los intermediarios y, claro, la libertad de expresión.

Teniendo en cuenta que existen decenas de libros, manuales y guías sobre gobernanza de Internet, escribir algo más sobre el tema puede parecer redundante. Partiendo de ese supuesto, antes que engrosar la lista de estudios descriptivos, este documento intenta ofrecer una visión crítica pensada, sobre todo, para la acción de la sociedad civil.

La primera parte ubica la gobernanza de Internet como una configuración de poder y tecnología, y se refiere a los temas principales que la componen. La segunda parte aborda la noción, transversal a la gobernanza de Internet, de la participación plural de los actores (el modelo ‘multi-stakeholder’) y el rol del Estado. Finalmente, el tercer capítulo ofrece las siguientes conclusiones y propuestas:

  • La gobernanza de Internet, antes que el conjunto de instituciones y fórmulas multilaterales de discusión, es un espacio de disputa alrededor del control y la gestión de una tecnología.
  • El estudio de la gobernanza de Internet debe abrirse a todos aquellos que ejercen poder en la red, sin importar el escenario en el que se encuentren.
  • La gobernanza de Internet no es del todo útil para saber cómo gobernar Internet. Como marco de referencia para abordar problemas y para proponer soluciones desde la sociedad civil, parece insuficiente.
  • Para avanzar en una aproximación nueva de la gobernanza de Internet es necesario desintegrar el concepto de Internet para abordar las tensiones que existen en ese espacio en diferentes frentes.
  • La arquitectura de Internet es el elemento estructurador más relevante a la hora de analizar cómo estos balances se juegan en la práctica.
  • Hasta hoy la sociedad civil ha promovido la fórmula del diálogo ‘multi-stakeholder’. Sin embargo, los actores relevantes no están llegando a esos escenarios con la intención de reevaluar su posición de poder en la red.
  • La sociedad civil debe elevarles a los actores interesados los costos de tomar decisiones a espaldas del interés público.
  • Aceptar una visión heterogénea de la gobernanza de Internet pasa por que los Estados entiendan que su papel en la gestión y control de Internet varía según el contexto.