Mario Levrero y el computador de antes

Una de las obras más reconocidas del escritor uruguayo Mario Levrero es 'La novela luminosa'. Publicada en 2005, después de que Levrero hubiera muerto, 'La novela luminosa' es la documentación de una larga procrastinación.

En 2000, Levrero recibió una beca de la Fundación Guggenheim para terminar un libro que había iniciado 20 años antes. Sin embargo, no podía sentarse a escribir. Levrero era –o estaba por esa época– hipocondriaco y neurótico, y en medio de la culpa y la resignación lo único que logró fue escribir un "diario de la beca" donde contaba en qué se le iban las horas. Al final, ese texto sería la finalización del libro. 

Una de las distracciones de Levrero era su computador. Podía perder horas haciendo y deshaciendo archivos y 'escribiendo' macros para ordenar tareas, carpetas o inventarse procesos. Alguna vez pasó la noche de largo ajustando un programa que le recordaba el cronograma de sus pastillas. Era algo más que un usuario aventajado. Pues bien: leyendo esto me topé con una descripción muy interesante de los dispositivos de uso general.

Levrero deja un testimonio de la frustración de ir perdiendo poco a poco la independencia y la autonomía en el manejo de su computador. El usuario ya no podía armar los programas a su medida; la ingeniería inversa comenzaba a toparse con los candados digitales. También habla del futuro de internet. Lo que para los usuarios masivos de hoy en día es una bendición –un clic, un comando, y ya está– era para él una pesadilla y el final de mejores tiempos: 

Ciertamente, el mundo de la computadora ya fue invadido por los abyectos, y cuanto más se abaratan costos, tanto más crece la abyección. No porque los pobres sean necesariamente abyectos (que a menudo sí lo son, a veces tanto como los ricos), sino porque los vivarachos usarán las maravillas tecnológicas para embrutecer más a los pobres, a esos pobres de los ranchitos de lata con antena de televisión. Y de paso se embrutecen ellos también, quiero decir «los poderosos». Siempre fueron brutos, en algún sentido, y ahora lo serán más, gracias a la tecnología. Internet saldrá definitivamente de la esfera de la cultura donde nació, y será manejada por los comerciantes y estadistas. Pero así y todo, la propia estructura de la computadora, la inteligencia de la humanidad que la ha hecho funcionar, eso seguirá siempre vigente. Siempre será un mundo para desentrañar, con el que dialogar, porque está necesariamente regido por la lógica. Sin lógica, la máquina no funciona. Aunque el que la maneja no sea lógico. Un babeante hincha de fútbol ya puede accionar algunos botones y obtener algunos resultados. Pronto podrá obtener muchos más, con menor desgaste intelectual. Sin embargo, tal vez sigan quedando individuos solitarios que prefieran dialogar con las entrañas de un sistema operativo en la Nochebuena, indiferentes a los cohetes y a las borracheras.