Cárcel para un comentarista ofensivo: revisando las paredes de los baños públicos

La Corte de Suprema de Justicia acaba de confirmar* la condena contra Gonzalo Hernán López por el delito de injuria agravada. ¿Qué hizo López? Un buen día de noviembre de 2008 se sentó al frente de un computador y, usando un seudónimo, se despachó contra Gloria Lucía Escalante:

«Y CON SEMEJANTE RATA COMO ES ESCALANTE QUE HASTA DEL CLUB COLOMBIA Y COMFENALCO LA HAN ECHADO POR MALOS MANEJOS QUE SE PUEDE ESPERAR... EL LADRÓN DESCUBRIENDO LADRONES? BAH!»

Escribiendo a gritos –con la mayúscula sostenida, sin comas, sin una que otra tilde–, López comentó una nota de El País de Cali sobre la señora Escalante. ¿Qué nota? Cualquiera, no importa. ¿Dónde? En el sitio donde siempre leemos este tipo de mensajes: en la sección de comentarios de usuarios. Las paredes del baño público de Internet.

López resultó condenado por haber hecho una afirmación injuriosa a través de un medio de comunicación colectiva. No hace falta saber mucho más para concluir que se trata de un error judicial. Lamentablemente, ni los jueces de instancias inferiores ni los magistrados actuales de la Corte Suprema de Justicia están entendiendo el delito de injuria. 

La injuria consiste en hacer una imputación de un hecho deshonroso: A dice que B hizo X,  y X es un hecho que afecta la honra (X no es una opinión ofensiva ni un insulto. Es un hecho). Adicionalmente, A sabe que el hecho X tiene ese carácter deshonroso, y lo imputa precisamente con el ánimo de injuriar y causarle un daño a B. Solo si A demuestra que X es veraz –con algunas excepciones–, puede eximirse de la responsabilidad penal.

Volvamos al caso: López dijo que Escalante era una rata. Es una opinión. Ofensiva, agresiva, sí, pero una opinión al fin y al cabo. López no tiene manera de demostrar en un juicio –para acreditar su inocencia– que Escalante es un roedor. Simplemente le salió de las tripas la palabra ‘rata’. Él cree que ella es una rata.

Por otra parte, López afirma en el comentario que Escalante es una ladrona. Acá podría decirse que López acusó a Escalante de cometer un delito (es decir, una calumnia). Sin embargo, la supuesta acusación no tiene un cómo, un cuándo, un dónde o un qué. En otras palabras, es una acusación genérica más cercana a una opinión que a un hecho. 

Por último, podría argumentarse que López sí acusó a Escalante de un hecho deshonroso al decirle ladrona por haber incurrido en «malos manejos» en el Club Colombia y en Comfenalco. Sigo pensando que es más una opinión –informada o desinformada– antes que un hecho. Sin embargo, y este es el punto más relevante, el contexto de la afirmación despeja cualquier duda de que esto tenga relevancia penal.

López escribió esto en la sección de comentarios de un medios de comunicación, un lugar que antes que una plaza pública es la pared de un baño público. Por el tipo de contenidos que allí se consignan –y la manera como se consignan– estas secciones no cumplen ninguna función de intercambio de información y opiniones. Es libertad de expresión individual, no colectiva. Es el espacio donde mucha gente sublima su deseo de insulto.

Así como nadie se toma en serio las barbaridades que se escriben en un baño, o lo que se grita en un estadio, o lo que dice un papel cualquiera que se reparte en la calle, un escrito anónimo en la sección de comentarios de un medio en línea no deshonra a nadie. No tiene impacto; no produce un daño. Es ruido sin ninguna relevancia penal. La conducta de López –más allá de lo que haya escrito– no pone en peligro ningún bien protegido por el derecho penal. No es antijurídica. 

De todo esto queda el antecedente judicial. A pesar de que las fronteras de la injuria y la calumnia están bastante claras en la jurisprudencia nacional e internacional, los jueces la siguen aplicando subjetivamente. Con esta decisión en el horizonte, cualquier comentario en Twitter o Facebook puede terminar en un proceso penal (lo cual no quiere decir, ojo, que ningún comentario en redes sociales debería terminar en un proceso penal). 

Por otra parte, queda sobre la mesa la fragilidad creciente del anonimato en línea. Por distintas razones –entre ellas, por casos como éste– los intermediarios en Internet (medios, redes sociales) vienen exigiendo cada vez más la identificación real de sus usuarios. No debería ser la regla. Aunque sea deseable que la gente le ponga la cara a lo que dice, el anonimato en Internet es valioso como escudo para expresarse, y debería contar con plataformas para ejercerse y niveles mínimos de protección en los tribunales (no siempre, no para todos). 

En este caso, López usó el alias de ‘con memoria’ para hacer un comentario cualquiera. Seguramente lo hizo con la convicción de que nadie llegaría hasta él, pero a la postre la Fiscalía tocó a su puerta y hoy está condenado penalmente. A algunos les parecerá un castigo ejemplar; a mí me parece más bien preocupante.

Les dejo abajo la sentencia de la Corte Suprema de Justicia con algunos comentarios (lean primero el resaltado y después hagan clic para ver la glosa). Valga la pena aclarar que para hacer un análisis completo del caso hay que leer la del Tribunal Superior de Cali. Esa no la tengo. 

* Técnicamente, la Corte Suprema inadmitió el recurso de casación contra la sentencia de segunda instancia del Tribunal Superior de Cali, que fue el que condenó a López. Uso la palabra 'confirmar' para ilustrar a una audiencia general.