El caso del ‘hacker’ y RCN: cuando la única alternativa es echar al agua a la fuente

Hoy Rodrigo Pardo, director de Noticias RCN, reveló que Andrés Sepúlveda, el ‘hacker’ que investiga la Fiscalía, visitó el canal el mes pasado con Luis Alfonso Hoyos, asesor espiritual de la campaña de Óscar Iván Zuluaga. Con video en mano, Pardo contó que Hoyos le había presentado a Sepúlveda para que le diera una información sobre un supuesto plan de las FARC para intimidar a quienes no apoyaran la reelección de Santos en el sur del país. Al final, RCN no publicó nada sobre el tema y Pardo expuso a Hoyos públicamente.

Creo que Pardo violó el deber de proteger a su fuente, pero también creo que no tenía alternativa. Con la poca información que tengo –hasta donde sé, Pardo no se ha referido a esto– trataré de plantear mi análisis sobre el tema. Más que la última palabra, espero que ésta sea la primera en el debate.

Lo primero que hay que tener claro es que Hoyos sí es una fuente y sí es sujeto de protección desde el punto de vista periodístico. He leído algunos tuits diciendo que la fuente es Sepúlveda y no Hoyos, y que al no haberse publicado nada no existe fuente para proteger. 

Por una parte, la protección de la fuente no solo se reputa de la persona que eventualmente aparece en el artículo sin identificar, sino también de aquella que suministra información que permite acceder a una fuente. En últimas, también es una fuente –y muchas veces, la más valiosa– que deber ser protegida. Sin esa garantía, no habría ‘informantes’ en entidades públicas, por ejemplo. 

Por otra parte, el hecho de que un medio no publique una información no implica que desaparezcan los pactos que hizo con sus fuentes. Durante la reportería un periodista recibe mucha información con la condición de no revelar su fuente, y que en últimas publique algo después depende de muchos factores. Imaginen lo arbitrario que sería que el destino de una fuente reservada dependiera de que su información sí fuera noticia. Básicamente, nadie se animaría a contarle nada a un periodista.

Volvamos al caso, pero antes hago las siguientes suposiciones: 

  • Pardo y Hoyos hicieron un pacto de confidencialidad. Este tipo de acuerdos no siempre son explícitos, pero pueden darse por sentados en relaciones largas entre fuente y periodista. (Dicho sea de paso, la falta de claridad en los términos es un riesgo para ambas partes, sobre todo para la fuente). 
  • El pacto entre Pardo y Hoyos no tenía ninguna condición especial: simplemente, “yo le presento a esta persona que tiene esta información y usted no me menciona en ninguna parte”.
  • Una vez se desató el escándalo, Hoyos no liberó a Pardo de su deber de reserva. Muchas veces los hechos posteriores a un pacto de confidencialidad obligan a cambiar las condiciones, y la fuente puede aceptar que lo identifiquen. Parto del supuesto de que esa renegociación no se dio. 

La pregunta entonces es si Rodrigo Pardo violó el deber de reserva, sagrado para todo periodista, al identificar a Hoyos. O, planteado de otra forma, ¿Hoyos hizo algo que para Pardo fuera una señal inequívoca de que el pacto se había terminado válidamente?

La reserva de la fuente no solo le impone obligaciones al periodista. Si una fuente reservada habla ‘on-the-record’ con otro medio sobre el mismo tema, o si desmiente públicamente a quien está protegiendo su identidad (como le pasó a La Silla Vacía), el pacto se extingue.

También podría decirse que si una fuente manipula al periodista o le miente, éste último no tiene por qué protegerlo. Esa zona es más gris, y en principio no estoy de acuerdo. La manipulación es de la esencia de la relación entre periodista y fuente. Es decir, debe darse por sentada. Y las mentiras, las verdades a medias y las declaraciones sesgadas, son el insumo con el que trabaja un periodista. Sacar una hecho veraz de la suma de eso es a la postre la misión del periodista. 

Creo que el caso de Pardo y Hoyos está en esta zona gris, con un factor adicional: la fuente reservada (Hoyos) le presentó al periodista a una persona (Sepúlveda) que hoy está detenida e investigada por un delito relacionado con la información que fue objeto de la relación periodística. Además del riesgo judicial para Pardo, esto pone en tela de juicio la credibilidad de Hoyos como fuente. Probablemente Pardo no le cree a Hoyos ahora (yo tampoco). 

El dilema para Pardo es el siguiente: si opta por proteger a esa devaluada fuente y no dice nada, corre el riesgo de verse en problemas judiciales por cuenta de la investigación contra Sepúlveda. Y si opta por proteger a esa devaluada fuente y envía la información a la Fiscalía, alguien la va a filtrar y otro medio de comunicación la va a publicar. En ambos casos no solo se perderá su propia ‘chiva’, sino que más de uno le recriminará haber guardado silencio en un tema tan sensible y en un momento tan determinante. 

En esas condiciones (y con todos la suposiciones que hice), Pardo tenía razones poderosas para traicionar el acuerdo con Hoyos: éste al parecer lo intentó manipular, la información subyacente parecía falsa y el asunto es casi de seguridad nacional. Cada razón por separado se queda corta para echar al agua a una fuente, pero combinadas y en plena elección presidencial, parecen suficientes.