La obligación de transmitir. Caracol y el HD

La decisión de Caracol Televisión de retirar su señal en HD de los servicios de televisión por suscripción –Directv, Claro, UNE– hace parte, sin duda, de un pulso económico. En eso se han centrado medios y analistas. No obstante, en esa pelea también se juega un tema de interés general: el acceso a contenidos. 

Caracol quiere que los operadores le paguen 600 pesos por suscriptor para tener la señal en HD (la señal estándar no la bloquearon). Según Semana, son unos 2.800 millones de pesos mensuales. La medida del canal tiene como trasfondo el fútbol: mientras Directv tiene la exclusividad del Mundial en HD por televisión por suscripción, Caracol y RCN tienen los derechos para TV abierta. 

Para el gremio de los operadores de TV por suscripción, con esta decisión Caracol está impidiendo que estas empresas cumplan con el deber de llevar las señales abiertas a los suscriptores. Según el artículo 11 de la Ley 680 de 2001, “los operadores de televisión por suscripción deberán garantizar sin costo alguno a los suscriptores, la recepción de los canales colombianos de televisión abierta de carácter nacional, regional y municipal que se sintonicen en VHF, UHF o vía satelital en el área de cubrimiento únicamente”.

Cualquier abogado que haya leído esto ya debió detectar los agujeros por donde se metió Caracol: la norma no habla de HD –fue expedida antes del proceso de digitalización– y el “deberán” puede interpretarse no como un derecho de los operadores de llevar la señal sino como una obligación de pagar por ella. 

Caracol también plantea que resulta absurdo que las personas tengan que pagar por un servicio de suscripción para ver canales abiertos (sin tener que subirse al techo a instalar una antena), en vez de obligar a los operadores a que garanticen un mecanismo para que el usuario pueda pasar fácilmente del servicio de suscripción a la señal aérea. 

La posición de Caracol es equivocada y riesgosa. Lo que la Ley 680 incluye en el artículo 11 se conoce como ‘obligaciones de transmitir’ o must-carry, que no es otra cosa que una garantía para que los operadores de servicios por suscripción no saquen de su oferta contenidos de acceso abierto y de interés público. Es una póliza a favor de la diversidad.

En el caso de los canales de servicio público –como la BBC en el Reino Unido o Señal Colombia acá– se trata de una salvaguarda fundamental. Sin ella, un operador bien podría eliminar esos contenidos de su parrilla porque no resultan rentables –bajo 'rating' versus costos de transmisión– o inconvenientes –políticamente sensibles o contrarios a intereses comerciales–.

Las obligaciones de must-carry pueden extenderse legalmente a canales que compiten entre sí (para que el usuario tenga mayor oferta) o incluso obligar a que haya una posición privilegiada en la parrilla. En el Reino Unido, por ejemplo, los operadores no solo deben transmitir los canales de la BBC, sino que tienen que ponerlos al principio de la guía de canales (no estoy seguro si existe la misma norma en Colombia, pero Directv también tiene a Caracol y RCN adelante en la guía).

Más allá de cómo los abogados de Caracol quieran interpretar la Ley 680, resulta indudable que se trata de una regla de must-carry que los abarca por igual a ellos, a RCN, Señal Colombia, Señal Institucional, Teleantioquia y Canal Capital, entre otros (de hecho, hace un tiempo la pelea de Canal Capital era para que Directv cumpliera con esta obligación). 

El riesgo no solo es que bajo esta interpretación nueva se tergiverse una regulación de interés público, sino que a la vuelta de la esquina sean los propios canales privados los que pierdan audiencia por no estar en la parrilla de la TV por suscripción cuando desaparezca la señal estándar. Hoy Caracol y RCN tienen una posición privilegiada, pero las amenazas viene por todos los frentes. 

Por otra parte, la idea de Caracol de que se obligue a empresas como Directv a implementar interruptores para pasar de la señal de cable a la de aire es insensata en la práctica. Si resulta más fácil y económico llevar la señal abierta por el cable –lo cual no le quita su naturaleza de abierta–, ¿para qué inventar burocracia? ¿Qué pasa, además, en regiones del país donde no hay señal abierta?

Lo que habría que garantizar, más bien, es que los operadores por suscripción transmitan la señal en las mismas condiciones de la abierta, y que el Estado y los canales promueven la infraestructura de la señal abierta.

Finalmente, que Caracol haya hecho inversiones cuantiosas para implementar la televisión digital no es razón suficiente para salir a cobrar. Caracol y RCN tienen el uso del espectro por concesión del Estado, tienen prerrogativas en el proceso de digitalización y siguen siendo los únicos canales privados nacionales. Sin duda, antes de meterse en el tren del HD hicieron sus cuentas. 

Hay otros problemas en el sector que merecen atención, como el monopolio del fútbol de Directv o la publicidad en la televisión por suscripción. Allí Caracol puede tener razón. Pero desconocer la obligación de must-carry atenta contra el derecho a la información y la libertad de expresión. “Esto es un asunto de negocios, no debemos volverlo algo de polémica nacional”, dijo Jorge Martínez, secretario general del canal. Se equivoca. Este es, sobre todo, un tema de interés público. 

Actualización. Alguien me preguntó por Twitter si para tener los canales abiertos en formato HD a través de un servicio de TV por suscripción es necesario comprar un paquete de HD. No estoy seguro de los detalles de cada plan, pero en  teoría un decodificador básico de HD debería bastar para que pudieran sintonizarse. Si esto no es así, sería una punto para exigir a los operadores. De cualquier forma, no justifica la posición de Caracol. En últimas, si Directv o Claro accedieran a pagar, el incentivo sería para que estos costos se los trasladen al usuario, por ejemplo, cobrando por el acceso a ese canal.

Actualización 2. El Espectador se refirió al tema el viernes y me invitó a escribir algo (similar a esta entrada, pero distinto). Acá está. También les recomiendo este recuento de Jorge Hernán Peláez. Los anexos son muy interesantes.