Señor Alcalde, veamos el partido mañana en la Plaza de Bolívar

Caracol Televisión anunció hoy en los periódicos que queda prohibido retransmitir los partidos de la eliminatoria al Mundial en espacios públicos –como parques y plazas–. De lo contrario, el canal «iniciará las acciones civiles y penales a que haya lugar».

El secretario general del canal, Jorge Martínez, habló con Semana y agregó que solo podrán retransmitir la señal quienes pidan autorización al canal. (Viene el Mundial y hay millones de fanáticos ansiosos: hagan ustedes las cuentas). 

Ante las críticas de la gente a través de Twitter, Caracol entró en modo control de daños y divulgó a través de las redes sociales una aclaración que no aclara nada:

 

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El anuncio de Caracol, que seguramente está respaldado por un concepto de 100 páginas de algún bufete de abogados, es un abuso. Con las mismas normas que ellos citan puede plantearse la posición contraria (y en un memorando más breve). Tomemos el caso típico: una pantalla gigante en la plaza con el partido de la Selección Colombia. 

Cuando la Ley 23 de 1982 y la Decisión Andina 351 se refieren a ‘retransmisión’, hablan de la «reemisión de una señal o de un programa recibido de otra fuente, efectuada por difusión inalámbrica de signos, sonidos o imágenes, o mediante hilo, cable, fibra óptica u otro procedimiento análogo». ¿Sintonizar un televisor en el Canal Caracol implica retransmitir la señal? No. De lo contrario, todos estaríamos haciendo eso cada vez que prendemos el televisor.

El otro argumento es que el titular del derecho de autor (en este caso, Caracol) tiene en general la potestad para autorizar o prohibir la comunicación pública de la obra por cualquier medio –lo cual incluye la exhibición pública–. Dejando de lado la discusión de si un partido de fútbol es un obra, no podemos olvidar que la señal del Canal Caracol es abierta. Es decir, su comunicación siempre es pública. Quien pone diez sillas en la sala de su casa para ver el partido con sus amigos no está haciendo nada distinto del que pone cien en un parque.

Más allá de la minucia jurídica, la posición de Caracol entraña la profunda irracionalidad de la propiedad intelectual en los términos en que hoy se protege legamente. Al sintonizar el Canal Caracol para transmitir un partido de la Selección Colombia, ni el Alcalde ni el administrador del Centro Comercial ni el dueño del restaurante les están causando un daño a esa empresa: no amenazan su mercado –si acaso lo expanden–, ni dañan su producto. Al paso que vamos, Caracol querrá prohibir que le quitemos el volumen al televisor para oír radio en vez de tener que soportar al ‘Cantante del gol’.

«No podemos volver el interés nacional como una cosa populista. Aquí debe pesar la norma de derechos de autor y conexos», dijo a Semana el secretario general de Caracol. Al contrario, señor Martínez: este tipo de medidas, sin visión alguna del interés público, lo que hacen es despertar el fervor populista. ¿Qué mejor idea para un gobernante demagógico que comprar los derechos del fútbol y repartirlos como casas gratis? Ejemplos existen.

Hasta que eso pase, mi recomendación es que nadie salga corriendo: señor Alcalde, ponga la pantalla gigante en la Plaza de Bolívar, veamos allá el partido de Colombia y de ahí salimos en caravana a la cárcel. 

Actualización: un par de horas después de que escribí esta entrada la Dirección Nacional de Derecho de Autor sacó un comunicado donde desautoriza a Caracol Televisión: «(...) no es una facultad de los organismos de radiodifusión impedir que la señal cuya recepción hubiese sido lícita, sea exhibida en lugares públicos tales como tiendas, estadios, parques, etc.».